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20-11-2016

Respuesta al artículo “Não há padres gay (ou hetero)”, Expresso Portugal, 27.10.2016

Estimada Redación de Expresso,

Estimado Señor Raposo,

 

Me refiero a su artículo “Não há padres gay (ou hetero)” en el cual usted comentaba las cuestiones de la orientación sexual y del celibato de los sacerdotes, refiriéndose a mi persona. Pienso que la tesis “Não há padres gay (ou hetero)” es peligrosa para el bienestar psicológico de los católicos, y por esta razón me he permitido escribirle esta carta.

 

Su razonamiento es: los padres están obligados a la abstinencia sexual, por esto no son ni hetero, ni gay.

 

En primer lugar, se debe especificar que usted está hablando sólo de los sacerdotes católicos latinos, porque los sacerdotes católicos orientales pueden casarse con una mujer y tener vida sexual.

 

En segundo lugar, detrás de la tesis “los sacerdotes deben abstenerse de vida sexual, ergo no son ni hetero ni gay” hay una visión de la sexualidad reducida solo a los actos genitales, que efectivamente es peligrosa para la salud psicológica. La sexualidad es mucho más que actos genitales de los cuales uno puede abstenerse (yo me abstuve durante la mayor parte de mi vida, y no por esto estuve sin sexualidad). La sexualidad exige el respeto de la orientación sexual. No es solo un factor biológico, sino también mental. En cada estado de la vida (casado o célibe) es necesaria la aceptación de la propia sexualidad, no su rechazo o reducción al silencio. El dominio de la sexualidad necesita el conocimiento de uno mismo, el estar bien con uno mismo como ser sexual, y un amor proprio como hetero o gay. Un sacerdote no deja de ser hetero o gay cuando es célibe, y necesita vivir la conciencia de su sexualidad, aceptándola y respetándola serenamente.

 

Es totalmente falso el título usado. Teóricamente, es falso también para la Iglesia en su enseñanza sobre el celibato. La Iglesia exige a los célibes que tengan conciencia de su sexualidad y que no la rechacen, que la acepten con serenidad, conociendo todas las energías psicológicas y sentimentales que la sexualidad comporta y que nadie puede cancelar en nuestra vida. La abstinencia no es “a-sexualidad”. Claro, para la Iglesia esto es cierto solo teóricamente, porque en su mentalidad también piensa: “abstinencia sexual = cancelación de la sexualidad”. Pero la sexualidad no se cancela jamás, y quien lo hace provoca un daño psicológico en las personas.

 

Por otro lado, existen en la Iglesia y en el clero el rechazo, el odio, la estigmatización y la vergüenza de la sexualidad de los no heterosexuales. La Iglesia piensa que ser gay no es natural y sano, sino patológico y enfermizo. Con esta base mantiene su doctrina condenatoria y contradictoria respecto al conocimiento científico actual. Esto provoca en las personas que creen en lo que enseña la Iglesia (como yo) el rechazo psicológico de su propia homosexualidad. Sobre este rechazo no se puede construir la vida ni en pareja ni en solitario. Tanto si tenemos relaciones sexuales como si no las tenemos, somos seres sexuales (y no patológicos cuando somos gays). Somos mucho más que nuestros actos sexuales. Nuestra sexualidad es mucho más que el uso de los genitales o la renuncia a usarlos. Es la conciencia, la sensibilidad, los deseos. Exige aceptación, responsabilidad y dominio, pero no rechazo mental. Quien niega el ser sexual a una parte de la sociedad (los sacerdotes) no conoce ni la sexualidad humana ni la enseñanza oficial de la Iglesia sobre el celibato.

 

El celibato exige, ante todo, respeto y aceptación de propio ser hetero o gay. Solo bajo esta perspectiva tienen valor nuestras decisiones relacionadas con la sexualidad: vida de amor con otra persona, abstinencia de vida sexual, u otras. En la Iglesia la sana y natural homosexualidad es despreciada u ofendida por falsos estereotipos y por una ignorancia homofóbica. Bajo este prisma ningún gay creyente puede construir una vida feliz, porque debe rechazar una parte fundamental de sí mismo. Este problema, previo a la cuestión del celibato, es el sentido de mi protesta y de mi denuncia de mi Iglesia, así como también la petición a la Iglesia para que empiece a reflexionar.

 

No solo es verdad que todos los sacerdotes son hetero, gay, bi, trans o intersexuales, sino que también deben ser respetados en su orientación sexual. Ello no pasa en la Iglesia, lo que comporta graves consecuencias para la salud psicológica de las minorías sexuales creyentes.

 

Volviendo a mi caso, que usted ha tenido la bondad de comentar en su artículo: el diálogo sobre el celibato es posible solo cuando antes clarifiquemos qué significa la sexualidad y el respeto de la sexualidad de cada uno. Antes debemos entender la naturaleza de las orientaciones sexuales y después podremos reflexionar sobre la consistencia de la disciplina del celibato. Este tema complejo está también presente de forma divulgativa en mi libro A primeria pedra. Eu, padre gay, e a minha revolta contra a hipocrisia da Igreja (Planeta, Lisboa 2016).

 

Los sacerdotes latinos célibes, como todas las personas, son hetero o gay. Antes de exigirles la abstinencia, debe respetarse su derecho humano de ser uno mismo de acuerdo con su orientación sexual. Antes de denunciar a los sacerdotes por los actos genitales, debería denunciarse a la Iglesia por anular la madura conciencia de la sexualidad. Ella efectivamente quiere (como su título) que los sacerdotes no sean conscientes y responsables de ser lo que son: hetero o gay.

 

Obrigado por su atención,

 

Krzysztof Charamsa

www.kcharamsa.com

Barcelona, 3.11.2016