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03-03-2021

Mi reciente entrevista para una revista en Brasil

  • Fue sacerdote católico romano durante muchos años. ¿Cuándo te diste cuenta de que eras gay? ¿Cómo te sentiste?

Yo he sido y seré sacerdote toda mi vida. Cuando una vez uno se convirtió en sacerdote católico, ya no puede cancelarlo. Así es la doctrina católica del sacerdocio.

Creo que todas las personas saben que son heterosexuales u homosexuales muy temprano, cuando comienzan a tomar conciencia de su sexualidad. El problema es cuando comienzan a aceptar que son homosexuales. En una sociedad e iglesia homofóbicas este es un proceso larguísimo, acompañado de un gran sufrimiento impuesto por el ambiente homofóbico. Lo describo en mi libro “La primeria pedra. Eu, padre gay, e a minha revolta contra a hipocrisia de Igreja Católica” (Seoman 2017, trad. G.C. Cardoso de Sousa), que recuerdo, feliz de tener un libro traducido justo para este gran país, che es Brasil.

  • Ha sido destituido de sus cargos en el Vaticano y suspendido de la diócesis de Gdansk. ¿Todavía te consideras sacerdote? ¿Puedes celebrar misas y otros ritos?

Sí, me considero plena y orgullosamente un sacerdote gay unido en la relación amorosa con mi pareja. Soy un sacerdote transparente y libre de la hipocresía institucional de la iglesia en el campo de la sexualidad. En este sentido, anticipo a los tiempos de la Iglesia católica. En el futuro, también los sacerdotes católicos se casarán según su orientación sexual. Sin embargo, esto no llegará rápidamente por varias razones y a muchas personas puede parecer hoy impensable, pero en pasado también muchísimo tiempo parecía imposible que la Iglesia pueda aceptar el descubrimiento de Copérnico. Para no aceptarlo aprisionaba, impostaba prohibiciones y puniciones, y después ha aceptado la verdad científica, que por demasiado tiempo negaba. Hoy sucede la misma cosa, pero por estos retrasos imperdonables de una religión no podemos perder la vida.

El precio que se paga por la fidelidad a la conciencia es enorme: estoy suspendido por la Iglesia, es decir, la Iglesia prohíbe ejercer el ministerio, soy sin trabajo ministerial, pero sigo siendo sacerdote. También me prohíbe enseñar teología (fue profesor de dos universidades a Roma). Estos castigos me fueron impuestos sin un juicio justo, sin haber tenido la posibilidad de defensa y presentación de mis argumentos. Por ejemplo, el derecho canónico no contempla el caso de los bautizados homosexuales y por eso, no se puede aplicar a ellos esta ley eclesial, que es homófoba. La ley eclesial católica asume que todos son heterosexuales, lo cual es falso. Por esta ley, los homosexuales están “enfermos”, son “caso fuera de la ley”.

No me dieron la posibilidad de un juicio público, que en ámbito de los derechos humanos yo ganaría, porque en este caso la Iglesia Católica trabaja en contra de los derechos humanos de las personas LGBTIQ.

Un pequeño detalle: mi diócesis no es Gdansk, sino Pelplin en la metrópoli de Gdansk (Polonia).

  • Ha anunciado públicamente su relación. ¿Está casado? ¿Cómo ven la relación la Iglesia, la familia y los amigos?

Sí, tengo una relación amorosa con mi pareja. Nuestra vida es de matrimonio. Mi país de origen, que es Polonia, un país católico y por eso homofóbico, no dona los documentos necesarios para el matrimonio de las personas homosexuales en otros países, donde para ellas es posible casarse, como en España. Esta es otra persecución en el ámbito de la ley de un estado homofóbico, organizada por las influencias de la Iglesia católica y que perseguía también fuera de sus fronteras. En el poder persecutorio de la Iglesia nada ha cambiado hasta ahora.

La Iglesia con su moral sexual opresiva odia la visibilidad del amor y pretende establecer y organizar lo que es el amor humano. Y debemos recordar que las personas y las instituciones que no entienden lo que es el amor humano libre y duradero y no lo respetan, ni siquiera pueden saber nada sobre el amor de Dios.

  • ¿Su pareja es religiosa?

Esta pregunta debe hacerse a mi pareja, a Eduard.

Como filósofo, me pregunto: ¿qué significa religioso? Si “religioso” significa seguir una religión homofóbica y misógina, que no quiere convertirse y reparar el daño que hace contra los derechos humanos, creo que las personas con un mínimo sentido de humanidad no deberían ser religiosas, para non colaborar con las leyes religiosas injustas. Estoy seguro de que Jesús estaría de acuerdo. Él rechazó el Templo y de los sacerdotes que despreciaban a la humanidad, la usaban a su favor y no querían entenderla. La religión primero de todo necesita de comprender y respectar la humanidad y el saber humano en continuo desarrollo.

  • ¿Cómo ve la homosexualidad en la Iglesia católica?

Las personas LGBT en la Iglesia Católica continúen siendo discriminadas y perseguidas sobre la base de doctrinas católicas y leyes canónicas que son contrarias al conocimiento científico actual que sobra la sexualidad humana. Las personas no heterosexuales son discriminadas en la Iglesia (homofobia) igualmente como las mujeres (misoginia y androcentrismo, machismo y patriarcalismo). Si pensamos bien, teóricamente los sujetos de pleno derecho en la iglesia son solo varones heterosexuales. Las mujeres (que son la mayoría en la humanidad y en la Iglesia) tienen prohibido ser sacerdotes y las personas LGBTIQ (que son una menoría en la humanidad y NO son una pequeña minoría en la Iglesia) tienen prohibido el matrimonio y el sacerdocio. Estas personas se les considera indignas de tener acceso directo a les cosas de la religión (sacerdocio) e indignas e incapaces del amor humano (matrimonio). Este es un verdadero crimen religioso imperdonable, si nos damos cuenta de que en el conocimiento humano ya desde mucho tiempo se ha entendido que significa la igualdad y los derechos humanos, el respecto de la orientación sexual y de la identidad de género.

El cristianismo debería ser el primero a descubrirlo y ayudar el mundo a descubrirlo. Desgraciadamente, es al revés: la Iglesia católica, ortodoxa y los evangélicos extremistas (como los de Brasil, de América Latina y muchas otras partes del mundo) junto con el islam sarán los últimos a aceptar el respecto de los diferentes sexos, orientaciones sexuales o identidades de género y de los derechos humanos conectados. Es solo una traición a Jesús (en caso de los cristianos) y al sentido profundo de la “religión”. Las religiones hoy son el principal obstáculo contra los derechos humanos y por esto son en buena parte responsables de los populismos y extremismos políticos que hoy atentan contra las nuestras democracias.

  • He hablado con otros sacerdotes, especialmente aquí en Brasil, que me dijeron que en realidad es común que los hombres jóvenes en el seminario tengan sentimientos por sus colegas e incluso tengan relaciones. ¿Es eso cierto? ¿Cómo trata la Iglesia Católica Romana esos casos?

Esto no pasa solo hoy, sino que siempre ha estado presente. En comparación con la estadística de homosexualidad en la sociedad (alrededor del 10%), este número aumenta significativamente entre los sacerdotes. Muchas personas homosexuales quieren ser sacerdotes por dos razones.

La primera razón es histórica: en el pasado ser sacerdote para un gay era la única forma de realizarse en la sociedad homofóbica y de ocultar la orientación sexual y no casarse con una mujer.

La segunda razón es que los gays que han sido excluidos y perseguidos durante siglos han desarrollado un sentido religioso del sacro y del bello más profundo. Las víctimas, que conocen su propio sufrimiento, a menudo desarrollan un sentido de empatía, de servicio y cuidado por los demás. Son los altos valores de humanidad. Quiero que me entiendan bien: no dijo que los tienen los gays más que otros, pero es un hecho que las mujeres y las personas homosexuales, consideradas en la historia de secunda categoría y discriminadas, han desarrollado un particular sentido de cura para los demás, especialmente más débiles y vulnerables, como también de refugio en “sacrum”, casi como para “escapar” a un mundo espiritual de la aniquilación en la sociedad, que no los considera plenamente personas.

Lo inhumano es la ley confirmada oficialmente por el Papa Francisco en diciembre de 2016 para prohibir que los homosexuales sean sacerdotes (en el año 2021 será 5 aniversario vergonzoso de la ley de Francisco para los seminarios de todo el mundo). Sigue a su predecesor y lo hace sobre la base de una falsedad pseudocientífica: la ley de Francisco dice que los homosexuales no pueden desarrollar una madurez psicológica, psicoafectiva y por eso no son aptos para servir a la sociedad. Además, el papa Francisco exige que los rectores y obispos “verifiquen la homosexualidad” de los candidatos. La ley no explica cómo se verifica la homosexualidad. Pero en una religión que ha perdido el sentido de humanidad, el clero probablemente sabrá cómo hacerlo. En África, en las cárceles, se realizan exámenes anales para verificar la homosexualidad. Es una tortura condenada por la ONU. No sé qué métodos de verificación quiere utilizar el papa Francisco en sus seminarios de todo el mundo. Seguro es que dice una cosa sobre los gays y hace otra, contra de ellos y contra su dignidad y sus derechos.

En cualquier caso, la estigmatización de las personas homosexuales y la discriminación por las falsedades que se les imponen en la Iglesia es muy grave. Pero el papa Francisco logró convencer a las víctimas de que deben ser felices en medio de la persecución. Es alucinante ver cómo las personas LGBTIQ aplauden a su opresor homofóbico, que no ha cambiado nada en las doctrinas y leyes homofóbicas, sino que algunas las endureció (prohibición a los gays de ser sacerdotes). Pero toda la opinión pública está convencida de que el papa es gay-friendly, porque abraza a las víctimas, manteniendo la persecución de ellas. Es una manipulación perfecta.

  • Algunas personas argumentan que la imposición del voto de castidad y celibato puede tener, de alguna manera, parte de los escándalos de abuso sexual que se revelaron en la Iglesia católica. ¿Cuál es tu opinión?

Mira, hoy hay muchos solteros, personas que no están casadas y que son felices y sirven a la sociedad. El problema es cuando una potente institución impone obligatoriamente el celibato a sus miembros, si quieren ser sacerdotes (prohibición de vivir el matrimonio con una mujer), como pasa en la Iglesia católica latina (en la Iglesia católica oriental el celibato no es obligatorio, sino opcional, es decir, cada uno decide cómo quiere vivir el amor). Si una persona obliga a una persona a renunciar a las relaciones amorosas naturales, imponiéndole una moral sexual paranoica, que prácticamente anula todas las experiencias saludables de la sexualidad humana, estigmatiza la sexualidad cuan esta no es heterosexual, etc.; si una persona vive en toda esta presión impuesta sobre los deseos más naturales y saludables de amor, intimidad, relación, es muy fácil refugiarse en secreto en la violencia contra los demás, especialmente contra los menores de edad y contra los más débiles y sujetos a su autoridad, para realizar su deseo sexual, natural, pero deformado y disfuncional por la imposición de la institución religiosa.

No tengo ninguna duda de que los abusos sexuales en la Iglesia católica contra los menores, contra las mujeres, contra las personas con discapacidad, contra los hombres homosexuales jóvenes y vulnerables, es un pecado estructural de la Iglesia. La culpa no es solo del sacerdote delincuente, sino de la institución delincuente, no solo porque esta esconde y protege a los abusadores, sino sobre todo porque mantiene una moral sexual rígida y obsesiva. Esta moral patriarcal y las disciplinas canónicas relacionadas, como el celibato obligatorio, no permiten que muchas personas maduren su sexualidad en equilibrio relacional. No es la homosexualidad el defecto que causa la violencia o el abuso, pero es la Iglesia católica con su doctrina moral, la que causa las disfunciones y la violencia. Lo que le has quitado a un sacerdote con respecto a su sexualidad natural y sana, como lo hace la Iglesia, debe salir en alguna parte: para algunos se convierte en la rigidez personal y el egoísmo, para otros en el abuso de alcohol, para otros en la búsqueda desesperada del poder, carrera y dinero (clericalismo), y para muchos también en la violencia psíquica o sexual contra los más débiles. Todo esto es el pecado estructural de la moral católica opresiva e inaceptable para la sana sexualidad humana.

Por eso no entiendo la opinión pública que está contenta con lo que presuntamente está haciendo el papa Francisco contra los abusos. Por el momento no hace más que una perfecta propaganda. Para superar los abusos, es necesario cambiar el sistema moral católico, que persigue la sexualidad sana de todos y crea monstruos. Sin este cambio de la Iglesia patriarcal y obsesionada por el sexe, los abusos continuarán y el Vaticano lo sabe. Pero el poder en la Iglesia es más importante que el amor y el respecto de la humanidad. La revolución de Jesús era contra este poder de la religión oficial y en favor y en defensa de cada persona.

(diciembre de 2020)