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09-11-2018

¿Gracias a quién seremos libres en la Iglesia Católica?

1. No hay ninguna duda de que en el futuro la Iglesia finalmente reconocerá los derechos religiosos de las mujeres (que también son derechos humanos) para todos los sacramentos de la Iglesia, sin excluir el ministerio del sacerdocio. ¿Este cambio se producirá gracias a las mujeres católicas que son víctimas de la Iglesia machista y que no son reconocidas como sujetos humanos y totalmente válidos?

Tampoco hay ninguna duda de que la Iglesia finalmente reconocerá la identidad, la dignidad y los derechos religiosos (que también son derechos humanos) de las personas homosexuales como sujetos de todos los sacramentos, incluidos el sacerdocio y el matrimonio (de los cuales ahora están excluidos). ¿Ese cambio futuro se producirá gracias a las personas católicas LGTBIQ, que son víctimas de la discriminación y persecución por parte de la Iglesia?

O, ¿habrá otros factores que forzarán a la Iglesia a realizar esos cambios tan necesarios? Desgraciadamente, pienso que nosotros, los católicos, no seremos los que exijamos a la Iglesia que nos respete como sujetos. Tristemente, serán otros los factores decisivos que nos salvarán de nuestro infierno y que recuperarán nuestra dignidad como creyentes.


2. En nuestra situación de oprimidos, consciente o subconscientemente, hemos aceptado la condición que se nos ha atribuido y no somos capaces de realizar un paso decisivo, comunitario y unitario. En el fondo, aceptamos no lo que somos sino lo que otros han hecho de nosotros. Nos sometemos al sistema de opresión, a la violencia simbólica, a estructuras de anulación, quizás soñando un futuro mejor, pero sentimos que estamos neutralizados e inmovilizados en nuestra situación de no-sujeto. Mi triste convicción es que la Iglesia Católica nos ha efectivamente neutralizado y que su futura conversión no será resultado de nuestras acciones.

En la lucha contra el racismo fueron los negros los que desobedecieron su reducción a no-sujetos. En la lucha contra la homofobia, a partir de la revuelta de Stonewall, fueron las personas LGBT las que se opusieron al orden y a la ley, que las consideraban como no-sujetos. En la lucha por los derechos de las mujeres, fueron las mujeres feministas las que se impusieron a su anulación por parte de la sociedad que las consideraba como no-sujetos. En la liberación de la Iglesia Católica de la homofobia y la misoginia, nosotros, los bautizados, no seremos los que exijamos el cambio radical en la institución.


3. Cristo dejó una comunidad de hombres y mujeres capaces de revolucionar la historia. Hoy, esa misma comunidad no es capaz ni de identificar los males sistemáticos (los pecados sociales y estructurales) que la afligen en su interior corrompiendo la esencia del cristianismo. Esta inercia es particularmente grave en una época en la que los movimientos liberadores de la humanidad han demostrado cómo se lucha en la defensa de los derechos humanos. Los católicos y católicas todavía no han aprendido su eficacia. No me gustaría que fuese cierto que, mientras gracias a los negros, a las feministas y a los activistas LGTBIQ el mundo es más respetuoso de la dignidad y los derechos humanos, la Iglesia se corrompe cada vez más gracias a la inercia de los católicos.