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02-02-2019

“Debemos desinflar las expectativas infladas”

El sistema de la hipocresía vaticana se esconde detrás de un lenguaje aparentemente amable, claro y jocoso, como el usado por el papa Francisco en sus ruedas de prensa. Regresando de Panamá, el pasado 29 de enero de 2019, el papa explicaba en qué consistirá la reunión de presidentes de las conferencias episcopales sobre abusos sexuales en la iglesia católica prevista para este mes de febrero. Un encuentro extraordinario anunciado desde hace meses a los cuatro vientos por todos los medios de comunicación. Efectivamente, da la impresión de que por primera vez un papa quiere tratar con transparencia un problema universal, que realmente quiere extirparlo de la iglesia; lo que significa buscar, sin nuevas excusas, las verdaderas causas de los abusos sexuales realizados en la santa iglesia católica.

Las razones que conducen a la plaga y a la cultura eclesial de los abusos por parte del clero y de los católicos residen en los problemas con la sexualidad creados por parte de la propia iglesia y de su enseñanza, la cual no respeta el conocimiento científico sobre la sexualidad humana. Reduce la sexualidad a un tabú en una moral puritana e hipócrita, y la rechaza en una disciplina tan peligrosa como es la obligación del celibato en el clero latino, una ley que carece de fundamento teológico, espiritual o antropológico y que se impone autoritariamente sin permitir ninguna posibilidad de una discusión verdadera sobre la urgente necesidad de un cambio. Las razones de los abusos deben buscarse en los insoportables conflictos y complejos sexuales creados en los miembros por la propia iglesia, en la doctrina y la disciplina eclesial que reprime la sexualidad y la afectividad. Se encuentran en la secular persecución de la homosexualidad y de otras formas de la sana sexualidad humana. La homosexualidad, violentamente reprimida y estigmatizada por una iglesia homófoba, puede convertirse en un drama insuperable para las personas, y puede encontrarse en el origen de verdaderos crímenes. De estos crímenes, el primer responsable, antes que los propios criminales, es la iglesia homófoba, que ha impuesto un sistema inhumano de represión de la orientación sexual sublimada en delitos. En los crímenes, delitos y abusos la iglesia solo recoge los frutos de su secular perverso trabajo. La razón de los abusos está en la sublimación de la sexualidad prohibida por parte del clero. Como dijo una monja: los curas más virtuosos se complacen en masturbarse toda la vida hasta ser cardenales y papas, los menos virtuosos se convierten en abusadores de los demás, siempre sumisos a sus poderes y vulnerables respecto a la autoridad machista del clero: niños y niñas, jóvenes, mujeres, monjas, religiosas, seminaristas, etc. Otras razones de los abusos se encuentran en la estructura piramidal, autoritaria y androcéntrica del poder eclesial, y en la falta de división de los poderes eclesiales, donde los obispos son jueces de sí mismos y de la propia corporación, sintiéndose así el clero intocable y protegido. Las causas de la plaga de los abusos eclesiales se encuentran tanto en la estructura del poder clerical como en el clericalismo, clericalismo que por fin ha reconocido el papa Francisco, solo que lo ha presentado como la primera y única causa, cubriendo así las verdaderas razones. Esa es una táctica política exitosa: admitir una mínima razón del delito y de la culpa, y convencer a la opinión pública de que no hay que buscar nada más. En síntesis, del delito específico de los abusos sexuales, de las violencias físicas y psicológicas cometidos por el clero católico, el responsable es la iglesia con su doctrina, su política sexual y su poder autoritario. Del pecado y del crimen de los abusos es responsable la estructura clerical, el sistema eclesial. Solo la valencia de cambiar este sistema puede eliminar la cultura y la plaga amagada e realmente impunida de los abusos del clero.

En este sentido, convocar una reunión tan extraordinaria como la del próximo febrero y publicitarla como solo sabe hacerlo la iglesia católica, claro que hace pensar que llega el momento de empezar a extirpar el mal estructural, tomando conciencia o al menos reflexionando abiertamente sobre las verdaderas causas de la cultura de los abusos y dejando los engaños con los cuales hasta ahora explicamos los abusos al mundo.

Pero, sucede que el papa, sin esperar a la reunión anunciada a los cuatro vientos, aprovecha la ocasión del vuelo desde Panamá para decirnos que debemos desinflar las expectativas reduciéndolas a una “catequesis” para los obispos sobre los procedimientos; procedimientos que ya están en internet y que quien sabe leer puede leerlos. Debemos reducir las expectativas a la oración y a algún testimonio que ayude a tomar conciencia, y luego, sobre todo, a una gran liturgia penitencial para pedir perdón a toda la Iglesia, adecuadamente inflada para que todo el mundo vea cómo sufrimos y cómo reparamos todo. Además, el papa elimina cualquier duda: el problema de los abusos es humano, dice, no eclesial y clerical. Lo que no dice es que en la reunión estará permitido, en base a la “sabia practica pastoral de los obispos”, culpabilizar y estigmatizar a las personas homosexuales como responsables de los abusos sexuales en la iglesia. El papa concluye con un toque de triunfalismo típicamente vaticano y católico: “nosotros (el clero), resolviendo el problema en la Iglesia, tomando conciencia, ayudaremos a resolverlo también en la sociedad, en las familias, donde la vergüenza hace que todo se oculte. Pero primero debemos tomar conciencia, tener bien los protocolos y seguir adelante. Esta es la cosa”. En síntesis: todo lo hacen para ayudar a la incapaz sociedad. El triunfalismo se aplica sin reunión celebrada. Esto sí que es una vergüenza, como la vergüenza de las familias que ocultan los abusos como consecuencia de una formación religiosa puritana, que ahora estará todavía más oculta gracias a la habilidad de Francisco.

Debemos desinflar las expectativas infladas… No cambia nada. Mostramos solo nuestro “show” a los medios y a la sociedad que tiene que perdonarnos, justificarnos y olvidar todo. Todo es solo una cosa humana.